Nuevos modelos periodísticos. El momento emprendedor

Como bien indica Juan Luis Manfredi en Periodismo Deportivo de Manual, la industria periodística vive tiempos convulsos. Sube, baja y, en todo caso, está sometida a un proceso de cambio permanente. Las tecnologías, la crisis de los modelos tradicionales de negocio, el declive de la credibilidad de las instituciones, la mengua de las redacciones o la creciente participación de los públicos en la elaboración de contenidos han transformado la dinámica y el alcance del periodismo profesional. Entre los asuntos sobre la mesa, destacan sobremanera los nuevos proyectos periodísticos, caracterizados como emprendimientos periodísticos lanzados en la última década. Los distintos censos registran el nacimiento de más de cuatrocientos nuevos medios en España, más de mil en América Latina y alrededor de sesenta especializados en el ámbito del periodismo deportivo. La magnitud del cambio se explica por la concatenación de nuevas capacidades tecnológicas, el abaratamiento de los costes de producción y difusión, la dificultad de la prensa de papel, los despidos en la industria y la demanda del público, que sí está interesada en la información, pero aspira a nuevos formatos y contenidos que concuerden con el patrón de ocio y consumo de información.

Gráfico 1

Número de medios nuevos y número de medios cerrados (2008-2014)

Gráfica nuevos medios

El emprendimiento periodístico, pues, vive su momento desde la profesionalización de la industria, porque el mercado se mueve y hay multitud de oportunidades y riesgos. Después de una larga época de modelos industriales, fordistas, de hacer periodismo, nos encontramos con una suerte de nuevas iniciativas que copian las estrategias, los usos y el lenguaje de las start-ups, las empresas de base tecnológica que ofrecen soluciones vinculadas al uso intensivo de instrumentos digitales. También heredan sus problemas, tales como el aislamiento, la debilidad financiera o la incapacidad de convertir a los lectores en clientes de pago. La innovación nunca ha sido una tarea sencilla.

La universidad ha captado el cambio de tendencia. Se han multiplicado los centros de apoyo al emprendimiento y los cursos especializados, al tiempo que se han promocionado los valores del autoempleo. En las facultades de Periodismo, la apuesta por el emprendimiento es visible. Se forman los profesores que quieren nuevas herramientas para el proyecto docente (Manfredi, 2015), se debate sobre los futuros posibles de la industria (Jarvis, 2012) y se buscan nuevos referentes entre los proyectos y los modelos emergentes (Casero, 2010). Ahora sabemos que el cultivo de las nuevas competencias en el aula tiene una repercusión transversal, en el currículo, en la elección de tema en el trabajo de fin de grado (o de master) y en el aprendizaje por proyectos. La gran transformación de la industria periodística necesita un nuevo entorno estratégico, que permita a los nuevos graduados adquirir aquellas competencias, cambiar su mentalidad del trabajo por cuenta ajena para incluir el autoempleo y prepararse para el cambio permanente.

Como señala el profesor Robert G. Picard, ”el periodismo ha de innovar y crear nuevos medios de recabar, procesar y distribuir la información de manera que los contenidos y servicios que proporcione a lectores, oyentes y espectadores no se puedan encontrar en ninguna otra parte”. El profesor estadounidense continúa señalando alguna de las carencias tradicionales de los estudios de Periodismo: ”los periodistas no pueden dejar esta transformación en manos de quienes gestionan sus empresas […] Los periodistas necesitarán adquirir habilidades empresariales que les permitan pilotar el cambio y no solamente reaccionar a este” (2009).

La aventura del emprendimiento periodístico plantea nuevos retos para el desempeño profesional y para la enseñanza universitaria porque aún desconocemos qué consecuencias tiene esta nueva tendencia en el ejercicio periodístico y se ha neutralizado su uso en una industria ajena a estas iniciativas alejadas de la industrialización. Aquí aparece una primera tensión que consiste en la preocupación por la cuenta de resultados y el auge del individualismo. El periodista sale del anonimato de la redacción para dirigir proyectos, tomar decisiones propias del área de gestión económica y abandonar algunas tareas editoriales. Es un cambio sustancial, independientemente del formato elegido por el emprendedor. Así encontramos cooperativas, sociedades anónimas o sociedades limitadas, cada una de ellas con problemas específicos. En la práctica, estas ideas se concentran en la necesidad de comprender nuevos conceptos tales como el plan de negocio, cadena de valor, gestión de la Innovación o retorno de la inversión. Si en los años sesenta el teórico Leo Bogart argüía, en acertada metáfora, la necesidad de separar la Iglesia del Estado, esto es, la sala de redacción de las decisiones empresariales, el fenómeno emprendedor ha disuelto la separación. Hoy, el periodista emprendedor decide sobre compras, promueve sus productos en las redes sociales, participa en eventos. Vende el producto que escribe a quien quiere comprarlo, bien como autónomo, bien como redactor del medio que ha fundado.

La segunda tensión consiste en la rendición de cuentas y la transparencia. El modelo industrial vierte la responsabilidad en la empresa y, a lo sumo, en la figura del editor y el director como responsables últimos de la publicación. En cambio, el emprendimiento periodístico re dirige estas cargas sobre quienes promueven el proyecto, más aún cuando emplean técnicas novedosas de financiación como el crowdfunding o los patrocinios. Si el dinero procede de una fundación o una acción filantrópica, corresponde al periodista anunciarlo con claridad.

La tercera tensión es interna y aparece en la propia naturaleza del trabajo periodístico (Rottwilm, 2014). El emprendedor es un profesional autónomo que organiza su tiempo de acuerdo con sus capacidades y sus fuentes de ingreso, que —en todo caso— ha abandonado el mundo del salario fijo o las instituciones industriales. Las consecuencias sobre la identidad son evidentes en tanto que el periodista ha de preocuparse de producir la información, distribuirla y, a su manera, venderla a los públicos. Comoquiera que los ingresos menguan, los periodistas tienen a sus vez que emplearse en otras actividades que generan innumerables conflictos de interés. Nos referimos a los periodistas que dedican su conocimiento a la consultoría, la docencia o las relaciones públicas. En el ámbito deportivo, hemos observado esta tensión con la consolidación de prácticas de ‘’periodismo de marca’’, presiones sobre la actividad individual.

Tabla 1

Nuevos proyectos en información deportiva

nuevos proyectos inf dxt

Elaboración propia. Fuente: Manfredi, Rojas y Herranz (2015) y Rojas Torrijos (2016).

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